"Levantad bandera sobre un alto monte; alzad la voz a ellos, alzad la mano, para que entren por puertas de príncipes. Yo mandé a mis consagrados, asimismo llamé a mis valientes para mi ira, a los que se alegran con mi gloria. Estruendo de multitud en los montes, como de mucho pueblo; estruendo de ruido de reinos, de naciones reunidas; Jehová de los ejércitos pasa revista a las tropas para la batalla"
"La historia pertenece a los intercesores"
jueves, 19 de mayo de 2011
Decreto de protección sobre nuestras familias
En uso de las facultades que me confiere El Señor de las multitudes promulgo el siguiente Decreto:
- Derríbese toda fortaleza en la mente de mis hijos, impregnada con pensamientos y sentimientos negativos.
-Derríbese todo problema emocional que quiera cercarme a mi o a mi familia.
- Erradíquese de mi vida y la de mi familia todo sentimiento de depresión, desesperanza, baja autoestima, ideas suicidas, temor, angustia, miedo, tristeza e inseguridad, odio, envidia, rencor, acciones de intriga, mala fe y chisme.
- Protéjase y Cúbrase a la niñez y adolescencia de los hispanos de todo abuso sexual, emocional, económico y psicológico.
- Anúlese en mi familia todo espíritu de maltrato, inseguridad, violencia, trabajo forzado, enfermedad, división, pereza, tristeza, y desobediencia.
- Deróguese todo decreto de muerte, toda sentencia de enfermedad, plagas, pestes y cualquier inmoralidad que se ha dictado sobre nuestros hijos.
- Establézcase que los niños, niñas y adolescentes son gente de Reino, respetuosos de la Ley, y amantes de los principios bíblicos y los valores cristianos.
- Establézcase a la familia en el primer lugar, donde inicia un fluir de comunicación entre padres e hijos que permitirá el entendimiento entre todos y el fortalecimiento de la misma.
- Anúlese todo espíritu de mediocridad de la mente de nuestros niños y adolescentes; llamamos a un tiempo de cambio en la mente de la niñez y la adolescencia hispana.
- Establézcase que inicia un nuevo tiempo donde se implanta en cada niño y adolescente de la Catedral, semillas de sabiduría, inteligencia, ciencia, habilidades y creatividad.
- Establézcase un futuro seguro, impregnado de amor, confianza, alegría, un tiempo donde el fluir de tu Espíritu sea derramado sobre las vidas de todos los niños, niñas y adolescentes de La Catedral y se instaure tu paz en ellos.
domingo, 15 de mayo de 2011
Siete Fundamentos de un guerrero espiritual.
Las Escrituras nos permiten descubrir características especiales de hombres y mujeres que, en la autoridad de Jesucristo, libran batallas contra el mundo de las tinieblas…
La conferencia, excelente. Ramiro mismo estaba sorprendido de su elocuencia. Se bebió un trago de agua y siguió con la exposición, haciendo acopio de la presentación que se proyectaba en tamaño gigante en la pantalla, visible para todos, con gráficos coloridos y llamativos.
Habló de Guerra Espiritual, de Intercesión, de Liberación de endemoniados. Términos contundentes. Una que otra cita bíblica. “Es un hombre muy versado en el tema”, comentó uno de los participantes. Su compañero asintió con el cabeza, totalmente identificado con su percepción.
El problema surgió dos días después cuando lo llamaron a media noche. Se encontraba sumido en un sueño profundo, con escenas paradisíacas de una playa idílica en un atardecer nostálgico. Miró el número que identificaba el celular. Definitivamente no lo conocía, así es que contestó de mala gana.
Al otro lado de la línea, un hombre desesperado quería saber qué hacer con su hija adolescente. “Grita como loca y emite chillidos horrorosos”, decía atropelladamente. Él se limitó a recomendarle que fuera donde su párroco o pastor. Terminada la comunicación, se encogió de hombros y dio vuelta en la cama para proseguir su sueño. Muy en lo íntimo, no sabía a ciencia cierta cómo responder en un caso así.
A kilómetros de allí, el pastor Rosendo estaba orando, casi al filo de la madrugada. Clamaba, postrado. La noche anterior había sido bastante intensa. Cuando iba a mitad de su charla, el demonio se manifestó en una adolescente aficionada a la música heavy metal.
El predicador se limitó a interrumpir el mensaje y, mirando fijamente a la joven, ordenó al espíritu que moraba en ella, que la dejara libre.
La chica gritó fuerte, se contorsionó y finalmente quedó en el piso, exhausta, como muerta. ¡Era libre!
No es asunto de conocimiento sino de autoridad.
Con frecuencia me abordan y escriben personas con interrogantes alrededor de los secretos que encierra la liberación de una persona endemoniada. Mi respuesta es directa: “Primero, no hay tales secretos y, segundo, ministrar liberación no es asunto de gritarle al demonio ni tampoco de zapatear creyendo que así saldrá huyendo. Ante todo es cuestión de ejercer la autoridad de Cristo”.
Hace siglos nuestro amado Señor Jesús dijo a sus discípulos: “Los setenta regresaron con gozo, diciendo: Señor, hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y El les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado autoridad para hollar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada os hará daño. Sin embargo, no os regocijéis en esto, de que los espíritus se os sometan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.”(Lucas 10:17-20, La Biblia de Las Américas)
Lo invito para que lea detenidamente el texto. Los seguidores del Maestro estaban exultantes de gozo porque dominaban sobre el mundo de las tinieblas, pero el Señor Jesús les dijo que no sólo podían hacer eso, sino nada les haría daño. Es decir, aunque Satanás y sus huestes librara ataques contra ellos –y contra nosotros hoy—no podría causarles daño ni en lo material ni en lo espiritual.
En este punto es importante que nos preguntemos: ¿Estamos ejerciendo nuestra autoridad en Cristo? Ya descubrirá por qué es necesario formularnos este interrogante…
Satanás sabe quién es quien
Satanás sabe quién es quien
Ante el ambiente sensacionalista que gravita en torno a los guerreros espirituales, hombres y mujeres que batallan en el poder de Jesucristo y ministran liberación espiritual y física, abundan quienes posan de ser “miembros del Ejército de Cristo”. Incluso, hay quienes buscando reconocimiento y admiración, se atreven a “alborotar avisperos”, como solemos decir en Latinoamérica, rentando el mundo de maldad.
Esa actitud un tanto irresponsable no es nueva. La Biblia relata que “Algunos judíos que andaban expulsando espíritus malignos intentaron invocar sobre los endemoniados el nombre del Señor Jesús. Decían: «¡En el nombre de Jesús, a quien Pablo predica, les ordeno que salgan!»14 Esto lo hacían siete hijos de un tal Esceva, que era uno de los jefes de los sacerdotes judíos. Un día el espíritu maligno les replicó: «Conozco a Jesús, y sé quién es Pablo, pero ustedes ¿quiénes son?» Y abalanzándose sobre ellos, el hombre que tenía el espíritu maligno los dominó a todos. Los maltrató con tanta violencia que huyeron de la casa desnudos y heridos.”(Hechos 19:13-16, Nueva Versión Internacional).
Es un pasaje que siempre llama poderosamente mi atención ya que pone al descubierto que Satanás sabe quién es quien. Él más que ninguno sabe si usted ejerce autoridad en Cristo o si por el contrario, fanfarronea con un poder espiritual que no posee.
Buscando en las Escrituras encontramos por lo menos siete fundamentos que deben identificar a un Guerrero Espiritual, los cuales comparto con usted:
1. Sometimiento a Dios.
Solamente cuando nos rendimos a Dios, sometiéndonos en la totalidad de nuestro ser, consagrados a Él, nos afianzamos en autoridad espiritual. El apóstol Santiago lo explicó de manera contundente al escribir: “Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.”(Santiago 4.7, Nueva Versión Internacional)
¿Cómo podemos representar y obrar en nombre de Aquél a quien no estamos consagrados? Imagine por un instante a un guarda de tránsito que, en su motocicleta y justo en una intersección vial peligrosa, se pasa un semáforo en rojo. ¿Tendría autoridad? Por supuesto que no.
El evangelista internacional, Carlos Annacondia escribe: “Ninguno de nosotros puede desarrollar un ministerio eficaz si no rendimos toda nuestra vida a Él. Dios no solo busca capacidad o sabiduría, sino consagración y entrega a Él. Lograr esto no es fácil, requiere luchas y demanda de nosotros una total entrega y muchas otras cosas que nos cuesta ceder… Si no hay una entrega total en nuestra vida, Él no nos puede usar.”(Annacondia, Carlos. “Oíme bien, Satanás”. Editorial, EE.UU. 1997. Pg. 44, 45)
2. Resistir al diablo, sin temor.
A Satanás hay que resistirle. Bien lo anotaba el apóstol Santiago, como acabamos de leer. Hay que echarlo fuera, sin temor. Él huye, porque sabe muy bien cuando se encuentra frente a un hombre o una mujer de Dios.
3. Consagración a la obra.
Resulta lamentable que al iniciar en el ministerio de Guerra Espiritual, muchos hombres y mujeres manifiestan entusiasmo; no es para menos, despiertan a una dimensión sobrenatural en la que antes no se habían desenvuelto. Todo resulta novedoso, atrayente y deslumbrador. Sin embargo, pasado un tiempo, dejan de orar y su desenvolvimiento ministerial se torna mecánico.
El apóstol Pablo en su primera carta a su discípulo Timoteo le instruyó: “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.”(2 Timoteo 2:3-5, Reina Valera 1960)
Puede que haya muy buenos programas en la televisión o que quizá tengamos una invitación a un evento de integración ministerial o familiar; pero usted y yo, en nuestra condición de Guerreros Espirituales, tenemos claro nuestro compromiso con Dios y obligatoriedad de consagrarnos a Él. Por eso es en Su presencia donde debemos permanecer.
Comparto con usted la respuesta de Cindy Jacobs cuando le preguntaron cuánto tiempo oraba. Su respuesta me admiró y debe ser sin duda, la respuesta que debemos dar: “Oro cuanto más tiempo pueda”. (Cf. 1 Tesalonicenses 5.17)
4. Una vida de oración.
Lo comparto en todos los escenarios a los que me invitan a dar conferencias: No concibo un Guerrero Espiritual que no pase tiempo en oración. El autor lo expresa en sencillas palabras: “Se necesitan hombres de corazón íntegro para guardar los mandamientos de Dios y lo mismo para buscar a Dios. Estos son los que se consideran “bienaventurados”. Sobre éstos descansa la aprobación de Dios”. (Bounds, E.M. Los fundamentos de la oración. Editorial Clie. España. 198. Pg. 14).
Pregúntese ahora, ¿Cuánto tiempo pasa en oración?¿Cuánto fue la última vez que fue al lugar secreto a estar en la presencia del Padre celestial? Insisto: no concibo un Guerrero Espiritual que no ore…
5. Conocer al enemigo.
Usted y yo no podemos hacer frente, eficazmente, hasta tanto no conozcamos los sutiles pero certeros mecanismos que utilizan Satanás y sus huestes. En criterio del apóstol Pablo, una vida consagrada a Dios debe ir de la mano con mantenernos alerta “…para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.”(2 Corintios 2.11)
Al Adversario espiritual no podemos ni debemos mirarlo de lejos, porque él se mantiene actualizado, procurando cómo hacernos daño. Hay que conocerlo para enfrentarlo.
6. Ejercer autoridad en fe.
Nuestro amado Salvador delegó en nosotros la Gran Comisión, y para ejercerla, nos dio autoridad. Él dijo a sus discípulos y a nosotros hoy: “Les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado. Estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán en nuevas lenguas; tomarán en sus manos serpientes; y cuando beban algo venenoso, no les hará daño alguno; pondrán las manos sobre los enfermos, y éstos recobrarán la salud.>>”(Marcos 16.15-18. Nueva Versión Internacional).
Ese poder de Dios, lo ponemos en evidencia por fe. Cuando nos paramos frente a un endemoniado o tenemos evidencia de un ataque directo de Satanás, le ponemos de manifiesto nuestra autoridad. Es fe. Tener la certeza de que Dios la proveyó para usted y para mi, para hacer más eficaz nuestro desenvolvimiento como Guerreros Espirituales.
7. Pasar tiempo en la Palabra.
Así como reviste singular importancia que pasemos tiempo en oración, es esencial que estudiemos las Escrituras. Escudriñarla, edificarnos, alimentarnos con ella.
Dios enseñó sobre el particular a Josué, a las puertas de entrar a la tierra prometida: “Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el SEÑOR tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.» .”(Josué 1:8, 9).
Cuando aprendemos el Plan de Dios para nuestra vida, y lo interiorizamos, podemos actuar con mayor contundencia. Satanás y sus estratagemas quedan al descubierto y aprendemos qué hacer en cada caso.
Es hora de prepararnos para la batalla.
La guerra que se libra contra el mundo de las tinieblas no solo es enconada sino que, además, demanda que estemos preparados para dar la batalla. Estos siente fundamentos, algunos de los muchos que sin duda aprenderemos en nuestro ministerio –caminando de la mano del Señor Jesús--, son esenciales para obtener la victoria en cada batalla.
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Debemos seguir el ejemplo de David. Nuestro rol en las dificultades es poner los ojos en nuestro Padre celestial y meditar en su Palabra. Los salmos son testimonio de la profundidad y la pasión con que el pastor y futuro rey se deleitaba en Dios. Al reflexionar con frecuencia en los atributos y las cosas del Señor, encontraba consuelo en medio de la agitación.
Los momentos que nos sostienen.
Cuanto más hablemos y más nos quejemos de una situación, peor se verá, hasta que el problema se vuelva más grande que nuestra fe.
Leer Salmo 145.1-5 - Cuando su vida se desmorona, ¿qué hace usted? Todos enfrentamos circunstancias que desafían nuestra paz, y algunas de estas situaciones son muy dolorosas y prolongadas. A menos que se tenga un enfoque bien dirigido, la alegría se marchita y la esperanza parece irrealizable.
El rey David experimentó adversidades extremas, entre ellas el profundo dolor de perder un hijo y a su mejor amigo. Y el rey Saúl, por razones egoístas, lo persiguió para quitarle la vida.
Más tarde, su propio hijo encabezó una rebelión contra él. A pesar de ser pruebas tan dramáticas, no fueron sino cuatro de las muchas dificultades que soportó. Pero aun en tiempos de profundo sufrimiento, David hallaba paz y esperanza en Dios.
¿Cómo se sostenía su alma cuando otros, en situaciones parecidas, se habrían ahogado en la desesperación? David sabía cómo meditar. Concentraba su mente y su espíritu en Dios —en su carácter, sus cosas, su voluntad— para conocer mejor al Señor y obedecerle.
Debemos seguir el ejemplo de David. Nuestro rol en las dificultades es poner los ojos en nuestro Padre celestial y meditar en su Palabra. Los salmos son testimonio de la profundidad y la pasión con que el pastor y futuro rey se deleitaba en Dios. Al reflexionar con frecuencia en los atributos y las cosas del Señor, encontraba consuelo en medio de la agitación.
¿Qué asuntos consumen sus pensamientos durante el día? ¿Aparta tiempo para pensar solo en el Señor? Quizás pueda recordarse a sí mismo el revivir su atención en su Creador; una manera de hacerlo es leer algunos de los salmos y observar cómo se concentra nuevamente el autor de ellos en el Dios todopoderoso.
Vivir por encima de las circunstancias
FILIPENSES 1.12-18.
Vivir por encima de las circunstancias
FILIPENSES 1.12-18.
Pablo escribió su carta a los filipenses mientras cumplía arresto domiciliario. El apóstol podía recibir visitas, pero no viajar. A pesar de que vivía en una casa, es muy probable que estuviera encadenado a un soldado romano las 24 horas del día. Además, porque sabía que un juicio podía demorar años, estas eran sus condiciones de vida para el futuro previsible, tal vez por el resto de su vida.
Bajo tales circunstancias, Pablo pudo haber tenido la tentación de clamar al cielo por su libertad. Después de todo, Dios lo había llamado a predicar, discipular a los creyentes, y alcanzar a los gentiles. Pero estaba atrapado en Roma, sin poder plantar nuevas iglesias o visitar a aquellos a los que dirigía sus cartas. Aparte de ser injusto, su arresto le impedía desempeñar su importante trabajo.
Si alguien tenía derecho a quejarse, ése era, sin duda, Pablo, quien había sufrido persecuciones, naufragios y palizas por el evangelio. Pero jamás lo hizo. Su carta a la iglesia en Filipos está llena de gozo, porque el enfocarse en Dios le permitía vivir por encima de sus circunstancias (Fil 4.8).
Cuanto más hablemos y más nos quejemos de una situación, peor se verá, hasta que el problema se vuelva más grande que nuestra fe. Y a la inversa, llevar los problemas directamente a Dios mantiene a las cosas en perspectiva. El Señor es más grande que cualquier dificultad. Por su poder, nos elevamos por encima de la dificultad.
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